TERMINÓ EL AÑO ¡VACACIONES Y AVENTURAS!

Eran los primeros días de diciembre.  El cole estaba terminando,  se acercaba el final de jardín pre-escolar y el inicio del 1º grado para Male. Mientras tanto, el verano le tenía reservadas muchas sorpresas. Sus papás  preparaban las vacaciones, las primeras con Gino. Una noche durante la cena Huguito les comentó a Male y a Betty que se irían a Mar del Plata, ya que con Gino podían llegar en perfectas condiciones. Male le preguntó intrigada por qué se irían a esa ciudad y su papá le explicó que era un lugar hermoso con mar y playa y que él solía ir cuando era niño.
El gran día llegó casi sin pedir permiso. Mar del Plata los esperaba. Cargaron a Gino hasta el tope, incluso pusieron un par de bolsos al lado de Male. Gino asombrado por tanta cantidad de cosas preguntó cuál era el destino y se puso muy contento cuando le dijeron que se iban a “La Feliz”.
Para Male, el viaje duró una eternidad. Estaba muy ansiosa. Ni bien llegaron bajaron todas las cosas al departamento. Era un departamento divino frente a la playa con vista al mar. Acomodaron todo y salieron apurados hacia la playa. El sol radiante de la tarde tenía a Male asombrada de cómo combinaba con el azul del mar, pero más sorprendida quedó cuando vio cómo unos chicos con unas tablas de surf se deslizaban sobre las olas. Salió corriendo hacia donde estaba Huguito y le preguntó qué hacían esos chicos.
A Huguito le cambió la cara, puso una sonrisa tan grande que no le entraba en la cara y le dijo:

—Mirá, Male, esos chicos están haciendo surf y te voy a contar una cosa, eso hacía yo hace un tiempo y me encantaba...
—¿Y por qué dejaste de hacerlo?—le preguntó Male.
—Cuando los adultos tenemos hijos nos empezamos a cuidar de otra manera y dejamos de hacer cosas de cierto riesgo porque tenemos otras responsabilidades y lo más importante es cuidar a nuestros hijos.
—Entonces, ¿vos no haces más surf por mí?
—No, mi amor, es una elección y yo elegí estar tranquilo. Pero podemos hacer una cosa. Te puedo empezar a enseñar a barrenar olas que es el primer paso. Es más, podemos hacerlo juntos.

Esa misma tarde fueron a comprar dos tablas para barrenar: una chiquita para Male y una grande para Huguito. A partir de ese día empezaron las vacaciones para Male, barrenar con su papá era algo nuevo, inesperado...
La rutina de todos los días consistía en ir al mar con Huguito, barrenar todas las olas y, por las noches, soñar con las olas de la mañana siguiente y ver a su papá disfrutando de algo que ella no conocía, la libertad que te da la grandeza del mar.

 

Y ccecsha