UN DÍA EN LA GRANJA

Huguito despertó a Male, chocolatada en una mano y un plato con vainillas en la otra. A Male le encantaba desayunar en la cama, sobre todo los fines de semana. Betty le pidió que no tardara mucho así podían aprovechar el día. Male tomó su desayuno en diez minutos. Se lavó y se peinó rapidísimo, y en diez minutos estuvo lista. Se había puesto una pollerita de jean, zapatillas y remera roja.
La familia se subió a Gino, que no tardó en preguntarles a dónde irían.
—¡A una granja! —contestaron a coro.
A Gino le pareció un muy buen plan.
Casi llegando, desde la ruta se veía un cartel que decía: “Bienvenidos a El Campito - Granja educativa”. Cuando finalmente entraron, los recibieron unas chicas con vestidos largos y floridos, que tenían unas trenzas muy largas. Servían ricas empanadas de carne con vino, para los grandes, y gaseosa, para los niños. No dudaron en probarlas: estaban riquísimas.
Mientras Male observaba feliz lo que sucedía a su alrededor, apareció un joven vestido con bombacha de gaucho beige, camisa negra, pañuelo rojo en el cuello y boina también negra que los invitó a subir al sulky para recorrer el lugar.
A Huguito, Betty y Male les tocó un sulky tirado por un hermoso zaino. El recorrido era precioso. El camino, completamente arbolado. En cada parada podían contemplar diferentes situaciones. Por ejemplo, en la primera había un gallinero lleno de gallinas y pollitos que Male alimentó con maíz. Después, fueron al sector de los conejos. Se enterneció con cada uno de ellos. Había de distintos colores: negros, grises y blancos, pero especialmente le gustó uno con orejas larguísimas.
Otro paraje que visitaron fue el de las ovejas, todas blancas como el algodón, pero tan ariscas que casi no se acercaban al alambrado.
Por último, visitaron el tambo donde se sacaba la leche de las vacas y con el que luego los operarios producían, ahí mismo, un riquísimo dulce de leche. Eso a Male le hizo acordar mucho a su abuelo José, que tenía la fábrica de dulce de leche en Entre Ríos.
Terminada la mañana supercompleta, llegó el almuerzo.
Male, Huguito y Betty comieron con muchas ganas. La comida (asado con ensaldas y papas fritas) estuvo exquisita. El postre fue un golazo: panqueques de dulce de leche con el dulce casero de la granja.
La tarde también fue movida. Se subieron al sulky de nuevo y el gaucho les explicó que dentro de la granja tenían dos fábricas: una de dulce de leche y otra de mermeladas que ellos hacían con las frutas de los árboles de la granja, principalmente con duraznos y ciruelas.
La visita a esa fábrica de dulce de leche a Male le encantó y la de mermeladas la enamoró. No podía creer lo rico que eran esos dulces de frutas. Pero lo que más la sorprendió fue todo lo que se podía hacer con el fruto de la tierra.
A la vuelta, arriba de Gino, Betty le preguntó:
—Y, Male, ¿qué te pareció la granja?
—Me encantaron todos los animalitos, pero, sobre todo, lo que se puede hacer con las cosas que nos da la naturaleza. Cuando sea grande me gustaría tener una granja igualita a esta, con dos fábricas idénticas a estas. Eso sí, en la de dulce de leche usaría la fórmula del abuelo.
—¡Ja, ja, ja! —se rieron Male y sus papás, imaginando un futuro muy dulce.


Y ccecsha