RENATO (LA HISTORIA DEL AUTO AMARILLO)

Así como Gino se vendía en la concesionaria que estaba a la vuelta del cole de Male, Renato el autito amarillo fue a la sucursal de Villa Urquiza con las las mismas premisas:
1) Que se vendiera a una familia especial.
2) Que se donara el dinero de la venta a un hospital de la zona.

El mismo día que llegó a la sucursal, Oscar, Mariela y su hijo Oscarcito Jr. (al que todos le decían Junior) mientras paseaban por la Avenida Triunvirato, entraron a la sucursal asombrados por la belleza de Renato. Oscar le preguntó al vendedor si se trataba de un auto de exposición. Se sorprendió cuando se enteró de que estaba a la venta y de que valía lo mismo que el resto.

- Se lo tengo que vender a una familia muy especial – le aseguró el vendedor
Oscar la miró a Mariela buscando un guiño de complicidad. Ella no tardó en decirle que le encantaba. Entonces le preguntaron a Junior qué opinaba: ¡Sí, sí, sí! ¡Lo quiero! ¡Lo quiero! Lo quiero! – contestó muy entusiasmado.
- OK, ya entendí- le respondió Oscar.
Lo pagaron y al ratito ya estaban recorriendo el barrio con Renato. A la segunda cuadra de haber arrancado se escuchó una voz que preguntaba:
- ¿Cuántos años tenés?
- ¿Qué pasa papá? ¿No sabés que tengo cinco? – le dijo Junior a Oscar.
- Sí ya sé, pero no te pregunté nada – aseguró Oscar
- ¡Que linda tu remera verde! – se escuchó a través de los parlantes.
Oscar paró el auto y preguntó con un poco de miedo:
- ¿Quién habla ahí?
- Soy Renato, el auto.

La familia quedó soprendidísima ante la declaración. Renato les contó que eran cuatro hermanos y que cada uno de ellos tenía vida porque los cuatro dueños de la fábrica los habían diseñado con tanto amor, que les habían transmitido la chispa mágica de la vida. En menos de una semana Renato ya era de la familia ya que lo querían, lo consideraban, le preguntaban qué nafta le gustaba más y disfrutaban mucho pasear con él.
Ya habían pasado tres meses desde que había llegado Renato. Y parece que les trajo suerte porque Marie quedó embarazada. Junto a Oscar estaban buscando hace tiempo un hermanito para Junior. Decían que Renato les había traído muuucha suerte porque Marie no estaba embarazada de uno, ni de dos, ¡sino de tres! Iban a tener trillizos.
¿Cómo vamos a hacer con los tres cochecitos? Porque el baúl de Renato es chiquito – le preguntó Marie a Oscar, un poco preocupada.
- Tenés razón- le contestó Oscar. ¿Y cómo se lo decimos a Junior?
Ni bien pudieron se lo dijeron a Junior que lo entendió súper bien y casi de inmediato lo pusieron en venta. Pero Renato no se iba a ir con cualquiera.
El primero que vino a verlo para comprarlo era un hombre de muchos años pero muy bien vestido. Por eso le pareció a Renato que se iba a aburrir con esta persona, entonces su motor con forma de corazón se transformó en uno normal y se empezó a hacer el que andaba mal para que no lo comprara. Otro día pasó familia que tenía cinco hijos, entonces Renato pensó: “ Estos me van a reventar!” Hizo lo mismo que con el señor mayor: motor normal, “anduvo mal”.

Hizo esto varias veces hasta que llegó una parejita joven. Eran Carlitos y Sandra, recién casados. Ellos sí iban a ser sus dueños. Renato mostró su mejor corazón y anduvo como un rayo cuando lo salieron a probar. Oscar se dio cuenta de que a Renato le había caído bien la parejita, así que le hizo el mejor precio posible y les aseguró que se trataba de un autito súper especial.
Carlitos y Sandra no dudaron ni un segundo, Renato era “el” auto para el proyecto más importante de sus vidas. En menos de una hora, estaban yendo a su casa con Renato.
- ¡No saben cómo quería que me compren ustedes! – les confesó Renato.
- ¡Ya lo sabíamos! ¡Ja, Ja, Ja! Quedate tranquilo que Oscar nos contó toda tu historia.


Renato más tranquilo ahora, largó un suspiro haciendo sonar su bocina.
- Los que tenemos una sorpresa para vos somos nosotros – le dijo Carlitos.
- ¿Cuál es? – le preguntó Renato, intrigado.
- Nos acabamos de casar y nuestro sueño es recorrer el mundo en auto y lo vamos a hacer con vos.
Renato sintió mucha felicidad. No podía creerlo… recorrer el mundo, vivir de aventura en aventura, de país en país. Hizo sonar su bocina una vez más.
¡Mundo allá vamos! – gritó entusiasmado


Y ccecsha