UN DÍA EN EL SÚPER

Era una tarde de primavera y Male recién llegaba del cole. Se sentó rápidamente en su silla para tomar la merienda, chocolatada con vainillas, como todos lo días. Betty le empezó a servir su chocolatada, logró llenarle el vaso con la última gotita que quedaba. Acto seguido, buscó las vainillas y habían dos nada más, pero para esa merienda alcanzaban.
–¡Tenemos que ir al súper! –dijo Betty
–¡Dale! –contestó Male.
Terminó su merienda y se subieron a Gino. Rápidamente llegaron al supermercado. Agarraron un changuito, Betty le explicó que sólo comprarían “unas cositas”.
Betty empezó a recorrer las góndolas. Pero parecía que Male no iba a querer irse con poquitas cosas del súper. A medida que Betty avanzaba por las góndolas y se distraía mirando qué comprar, Male iba agregando cositas que a ella le gustaban. Betty puso una chocolatada y Male agregó tres. Betty pasó por el sector de galletitas y Male aprovechó para elegir algunos paquetes de esas de chocolate que tanto le gustaban.
Pasaron por el sector de artículos de limpieza y Male puso en el changuito ese desodorante del olorcito que tanto le gusta. Después pasaron por el de los congelados, entonces Male no dudó en llevar un balde de helado de chocolate gigante. Así anduvieron por toda la tienda, Male ponía y ponía cosas sin que Betty se diera cuenta.
Cuando llegaron a la caja para pagar, Betty se dio cuenta de que tenía el changuito lleno y de que ella no había puesto todo eso.
–Vos pusiste algo en el changuito? –le preguntó con cara de intrigada a Male.
–Noooo, mamá, nada que ver –le respondió tratando de que no se le soltara la risa.
–Pero ¿cómo puede ser? Si yo puse una chocolatada y acá hay como cinco.
–¡Se habrán caído!
–¿Y este balde de helado? No pudo haberse caído… Los helados están en heladeras de abajo.
–Y… no sé, mamá, se le habrán caído a alguien. Sí, sí, eso, seguro.
Betty la miró seriamente a Male, y mientras buscaba dinero en su billetera le avisó que dejarían algunas de las cosas que se “cayeron”porque no le alcanzaba para pagar todo. Entonces, en lugar de llevar cinco chocolatadas, llevaron tres. En lugar de tres paquetes de galletitas, llevaron dos. En lugar de cinco paquetes de vainillas llevaron cuatro. El balde del helado fue a la casa de Male, sin problemas.
Cuando volvieron estaba Huguito esperándolas. Betty le dijo que quería contarle algo, aprovechando de que Male había disparado hacia su habitación.
Al terminar de hablar Betty, una carcajada de Huguito retumbó en toda la casa.
–¡No te rías, retala! –le pidió Betty.
–¡Male!, vení a la cocina que tenemos que hablar –le dijo Huguito con voz de enojado.
Male se acercó a Huguito cabizbaja, pensando que la iba a retar. Huguito la miró, con una mano cariñosa le sacudió los rulos y le susurró al oído:
–¡La próxima vez poné los palmitos que me gustan a mí!


Y ccecsha