LA FÁBRICA DE SAÚUUL

Era un lunes de vacaciones de invierno. Huguito había aprovechado para tomarse unos días y quedarse con Male y Betty para pasear por Buenos Aires.
Ese día, Huguito tenía preparado algo muy especial. Entonces le llevó el desayuno a la cama a Male (chocolatada y vainillas), la despertó con un gran beso, y le anunció:
–¡A vos y a tu mamá hoy las llevo de excursión!
–¿Como las del cole? –preguntó Male.
–¡Sí! ¡Tan divertidas como las del cole! –contestó Huguito.
La familia, superabrigada, se subió a Gino, que también tenía muchas ganas de dar unas vueltas. Su motor lo necesitaba.
Huguito le pidió a Gino que fuera directo a lo de Saúuul. Betty se rió, sabía perfectamente que Male estaría encantada en lo de aquel hombre. Ante la inminente pregunta de Male sobre quién era Saúuul, Betty le explicó que se trataba de un amigo de papá que tenía una fábrica que le encantaría.
Habrían pasado unos cinco minutos cuando Gino se detuvo frente a un galpón gris, con los portones verde inglés. A Male no le parecía lindo ese lugar, y de inmediato se los hizo saber a sus padres con su mejor cara de enojada.
–¿Dónde me trajeron? –les preguntó casi al borde del llanto.
–Quedate tranquila –le contestó Huguito–, que cuando veas bien te va a encantar...
Apenas se abrió el portón, salió un hombre gordito, pelado y de barba que lo abrazó con mucha fuerza a Huguito, saludó a Betty y luego le dio un beso a Male, que tratando de esquivar la barba –que parecía pinchuda– le preguntó, susurrándole en el oído:
–¿Qué hacés en esta fábrica?
–Acá producimos maquillajes –le contestó Saúuul.
A Male le cambió la cara, soltó una sonrisa y salió corriendo hacia la puerta verde. No bien entraron, observó el lugar con mucho detenimiento. Quería ver los maquillajes. Se imaginaba coloretes, sombras, delineadores, pero no encontraba nada. El espacio estaba lleno de máquinas y mujeres muy simpáticas perfectamente maquilladas.
Male buscó los ojos de Betty con mirada cómplice y le preguntó a Saúuul.
–¿Vamos a poder probarnos los maquillajes?
–Pero ¡claro que sí! –le respondió su madre con una sonrisa tierna.
Cuando por fin entraron al showroom, Male no podía creer lo que estaba viendo. Desde el piso hasta el techo, todas las paredes estaban llenas de muestras de maquillaje. Además, en el salón había elegantes sillones con espejos bordeados de luces, como los que alguna vez ella vio en una película de Hollywood. Sin perder ni un minuto, madre e hija comenzaron a probarse rubores, bases, purpurina y todo lo que podían.
–Mamá, ¡mirá cómo me queda esta sombra celeste!
–¿Y qué decís de esta otra verde? –le preguntó Betty.
Saúuul la había estado observando a Male y poco tardó en darse cuenta lo definido que tenía sus gustos. Por eso le propuso que se convirtiera en su asesora para el proyecto de maquillajes para niñas que hacía tiempo tenía en mente. Male podría elegir qué productos lanzar al mercado. Ante la propuesta, ella saltó de felicidad. Ese mediodía almorzaron los cuatro y por la tarde Male se quedó con Saúuul para preparar la nueva colección.
–¿Estás lista? Vamos al showroom –le dijo Saúuul a Male.
Ella lo tomó de la mano y allí fueron, a hacer su trabajo mientras Huguito y Betty se quedaron observando aquella escena tierna.
En el showroom, Male conoció a Susana, la gerenta de ventas. No tardó demasiado en elegir sus productos preferidos: la sombra celeste, el rouge rosa clarito, el rubor marroncito con brillo. Mientras Susana anotaba sus elecciones, Male definía la colección, incluso el packaging. Le pidió a Susana que tuviera forma de corazón y tapa transparente. Y así lo hicieron.
Después de dos meses, “Male´s collection” estaba en las mejores perfumerías del país. El lanzamiento fue un éxito ya que se convirtió en la línea más vendida de la fábrica. Con Saúuul acordaron que, en adelante, diseñarían dos colecciones por año con su ayuda, una de invierno y otra de verano. Como premio, Male y Betty tendrían maquillaje gratis para toda la vida



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