LA CARRERA CON LOS HERMANOS

Un día, Huguito volvía con Gino del trabajo. Gino casi no le hablaba, algo extraño en él. Huguito se dio cuenta de que algo le ocurría.
–¿Qué te pasa, Gino? ¿Estás triste?
–Extraño mucho a mis hermanos.
–¿Tenés hermanos? –le preguntó Huguito, sorprendido.
–Sí, tres, son iguales a mí –aclaró Gino–, pero de otro color. El azul se llama Antonio; el amarillo, Renato y el verde, Vito. ¡No sabés cómo los extraño! –le confesó Gino casi al borde del llanto.
–¿Y cómo harías para verlos? –preguntó Huguito.
–Podría arreglar con ellos y ver si sus familias los dejan salir un rato, así nos podemos ver los cuatro juntos.
–Arreglá con tus hermanos para el sábado a la tarde, que yo dormiré la siesta.
–¡Gracias, Huguito! –le digo Gino, emocionado.
Y así fue. El sábado a la tarde se encontraron en los bosques de Palermo los cuatro hermanos. Fue tal como Gino lo había imaginado, como esas películas que cada tanto miraba Betty en el auto cuando hacían un viaje largo. Se observaban después de tanto tiempo y no lo podían creer. Renato (el amarillo) le decía a Gino: “¡Qué brillante que estás! ¡Te debe tratar muy bien tu familia!”. Antonio (el azul) le contaba a Vito (el verde) que con la nafta premium andaba mucho más rápido. Renato, que escuchaba la conversación, desafió a Antonio:
–Qué vas a andar rápido vos, ¡si ni en bajada andás rápido!
–A ver... te juego una carrera –le dijo Antonio.
Vito, que los escuchaba, echó una carcajada.
–No me hagan reír, si ustedes dos son más lentos que una tortuga renga. Los corro a los dos juntos –los increpó.
Gino, que no salía de su asombro por lo que escuchaba, les propuso a sus hermanos:
–¿Por qué no corremos una carrera todos y vemos cuál es el más rápido?
Los hermanos se miraron y a coro gritaron: "¡Sí, ahora!".
Entusiasmado por compartir un juego con sus hermanos, Gino organizó la carrera en pocos minutos. La largada fue en Pampa y Figueroa Alcorta.
–Vamos a correr desde el semáforo desde la esquina hasta la cancha de River. El primero que llega, gana.
–¡Buenísimo! –dijeron todos y se aprontaron para salir.
No bien se puso el semáforo en verde, salieron como cuatro rayos a toda velocidad. Antonio picó en punta; Renato, segundo; Gino, tercero y Vito,
cuarto.
En segundos, Gino pasó a Renato, pero Vito los pasó a los dos. Siguieron a toda velocidad, y se pasaron una y otra vez en reiteradas oportunidades, pero cuando estaban por llegar a la meta, Gino, que iba tercero, los pasó a Antonio y a Vito, y cruzó la meta. Así se transformó en el ganador. Los hermanos no lo podían creer. Todos lo felicitaban, Gino estaba feliz; tan contento que no lo podía creer. Cuando se calmaron un poco después de tanta agitación, Renato tuvo la idea de ir a pasear hacia los bosques. Cuando el sol comenzó a bajar, empezó el regreso de cada uno hacia su casa. Tan bien la pasaron, que acordaron encontrarse todos los sábados para no extrañarse tanto.


Y ccecsha