BETTY SE OLVIDÓ EL CAMINO AL COLE

El reloj marcaba las 8 cuando Betty levantó a Male para ir al jardín. La cambió, la peinó para que sus rulos no se enredaran, le puso el uniforme rosa impecable y le preparó una chocolatada con vainillas como todos los días. Luego, se subieron a Gino y emprendieron el viaje hacia el jardín.
Betty decidió que tomaría un camino diferente para que Male conociera las otras cuadras del barrio. Pero, a medida que pasaba el tiempo, la madre comenzó a preocuparse.
–¿Qué te pasa, Betty? ¿Te olvidaste el camino al cole de Male?
–¡Ayyy, no sé qué me pasa! ¡Me perdí!
–Quedate tranquila, yo me lo acuerdo. No toques ni el volante, que yo manejo.
Gino siguió derecho, dobló a la izquierda y después, a la derecha, y luego de unas cuadras llegó al cole.
Con la ayuda de Betty, Male salió corriendo en busca de su maestra, que la esperaba en la puerta:
–¡Menos mal que llegaste! –la recibió la maestra–. Te estábamos esperando, hoy vamos a hacer algo muy especial.
–¿Qué vamos a hacer? –preguntó Male.
Con una sonrisa de oreja a oreja, la maestra le explicó que irían a la pileta, por primera vez. Así que Male y sus compañeritos se subieron todos rápidamente al micro que los llevaba al club.
Entraron a la pile, jugaron, se divirtieron: la pasaron bárbaro.
Cuando Gino la fue a buscar a Male al cole con Betty, le preguntó:
–¿Y qué tal tu día?
–La verdad, Gino, la pasé buenísimo. Fuimos a la pile por primera vez, ¡no sabés lo grande que es! La verdad que está bueno tenerte en la familia, si no te hubieses acordado de cómo llegar hoy al cole, me habría perdido mi primera zambullida a la pileta
–¡No sabés lo contento que me pone que la hayas pasado tan bien!


Y ccecsha