EL CUMPLEAÑOS DE LA MAMÁ (BETTY)

Un día, el papá de Male estaba llegando a su casa. Ya era de noche y, para su sorpresa, se encontró en la puerta de su casa con más autos de lo habitual.
–¿Qué pasa que hay tantos autos? –le preguntó a Gino.
–Deben de festejar algo.
–Claro –a Huguito se le iluminó la cara. Y exclamó–. ¡Hoy es el cumple de Betty, me olvidé! Y no le compré nada. No sé qué hacer… Esperá, Gino. Busquemos una relojería, así le compro un regalo.
Con prudencia, pero apurado, Gino arrancó velozmente. Fueron para un lado, fueron para el otro. No había caso, estaban todas las relojerías cerradas. Entonces, Huguito le dijo:
–Busquemos una florería, así compramos flores.
Fueron para un lado, fueron para el otro, todas cerradas. Huguito, temeroso de quedarse sin regalo para Betty, le dijo a Gino:
–¡Una bombonería!
Y otra vez lo mismo. Fueron para un lado, fueron para el otro, y todas cerradas. Huguito, que se imaginó el enojo de Betty por quedarse sin regalo, le dijo a Gino:
–¡Ya no sé qué hacer!
–Yo tengo una idea –dijo Gino.
–¿Qué idea?
–¿Viste el supermercado que está abierto las 24 horas?
–Sí –dijo el papá de Male.
–Bueno, ahí seguro que venden de esas tortas que se hacen rapidísimo. Comprate una, mezclala rápido, rápido, rápido; la ponés dentro de mi motorcito para que se cocine y cuando llegamos a casa seguro que está lista.
Huguito tomó el consejo de Gino. Cuando se estaba bajando del auto, Gino mismo le gritó:
–¡No te olvides de las velitas!
Huguito le sonrió y asintió. Estaba contento. En el supermercado consiguió la torta y siguió al pie de la letra las instrucciones de la caja. La puso en el motorcito de Gino y salieron como un rayo para la casa, ya era tardísimo.
Cuando llegaron, Huguito sacó la torta del motor de Gino. Tenía un olor casero que sabía que a Betty le iba a encantar. Colocó las velitas y abrió la puerta de su casa. Cuando Male lo vio entrar con la torta y las velitas encendidas, empezó a cantar: ¡Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas, Betty, que los cumplas feliz!
–¡Qué pinta la torta, Huguito! –le dijeron los invitados.
Betty lo recibió a Huguito con un beso:
–¡Qué linda sorpresa! ¿De qué panadería es?
–La hice yo, no la compré en ningún lado.
–Alguien te habrá ayudado –le dijo Male, riéndose.
–¡Ah, sí! Eso puede ser –contestó Huguito, también riéndose.
Al rato, la gente se empezó a ir y todos, cuando se despidieron, lo felicitaron por la torta. Huguito salió de la casa corriendo para contarle a Gino todo lo que había pasado:
–La verdad, ¡qué buena idea tuviste, Gino! ¡Me salvaste!
–Y sí, si uno no hace estas cosas por su familia.


Y ccecsha