50 AÑOS, NACEN LOS OTROS HERMANOS

El 12 de octubre de 2002, Gino juntó a los hermanos y les dijo:
–Hoy cumplimos 49 años con Gotti Hermanos y el 12 de octubre de 2003 cumpliremos 50 años.
Todos aplaudieron y dijeron a coro: "¡Tenemos que festejarlo!".
–A ver... tengo una idea –propuso Antonio–: ¿Quién de nosotros es el mejor diseñador?
–¡Yo! –aseguró Gino, entusiasmado.
–¡Qué vas a ser vos! Soy yo –lo desafió Renato.
Entonces, Vito empezó a reírse:
–Ninguno de ustedes, hermanitos. Soy yo, ¡y no hay discusión!
–Entonces, ¿por qué no hacemos un concurso? –Antonio volvió a la carga para exponer su idea–. Hagamos cada uno un auto como lo hacíamos cuando recién empezamos, pieza por pieza con nuestras manos. Cuando estén terminados, los presentamos el día del aniversario con un asado para todos nuestros empleados y que ellos decidan cuál es el mejor.
Los cuatro estuvieron de acuerdo y cada uno se puso a trabajar incansablemente en su proyecto, a escondidas, para que los otros no lo copiaran. Hacían sus piezas uno con un torno; otro, con una herramienta fabricada con sus manos; otro, en la otra punta de la fábrica.
Gino, un poco engreído, le aseguraba a Renato:
–Vas a ver que yo soy el mejor…
Por su parte, Vito lo cargaba a Antonio y le decía:
–¿Qué chatarra vas a hacer?
Y así transcurrieron el año, entre risas y cargadas, pero con mucho esfuerzo para hacer el mejor y más lindo auto.
Cada hermano tenía su hinchada. Unos empleados decían que el mejor iba a ser el de Vito; otros, el de Antonio, y así cada uno con su favorito.
Hasta que llegó el gran día, el 12 de octubre de 2003. Los Gotti se vistieron de punta en blanco y fueron llegando al asado. Allí estaban los cuatro autos tapados con mantas doradas. Los comensales pasaban y se preguntaban cuál sería el de mejor diseño. Incluso, algunos hacían apuestas. Pero, primero tuvieron que sentarse a comer. Hubo empanadas de humita – riquísimas–, asado –preparado por don Cosme– y helado de chocolate. Brindaron, bailaron, la fiesta estaba saliendo de maravillas.
A la hora del café, Antonio se paró y anunció: "¡Llegó el gran momento!". Entonces, el mayor de los hermanos tiró de una soga y dio la sensación de que las mantas salieron corriendo de los cuatro autos.
El silencio se apoderó del lugar. Los invitados quedaron mudos, parecían un poco incómodos. Los autos eran idénticos, cuatro gotas de agua, casi cuatrillizos. Lo único que los diferenciaba eran los colores: el de Antonio era azul y en su parte trasera decía "Antonio"; el de Vito era verde; el de Renato, amarillo y el de Gino, rojo.
No hubo ganador porque eran los cuatro iguales. Entonces, los Gotti decidieron que los autos se venderían en diferentes concesionarios con dos instrucciones para el gerente de la sucursal:
1- Que se vendiera a una familia muy especial.
2- Que el dinero de la venta se donara al hospital de la zona.
Pero no se habían dado cuenta de una cosa, que gracias el esfuerzo y el amor que habían puesto durante todo ese año en la fabricación de los autos, estos tenían vida propia. Cada uno tenía el motor con forma de corazón, y como todo lo que tiene vida posee nombre, el rojo era Gino; el azul, Antonio; el amarillo, Renato y el verde, Vito.


Y ccecsha