LA PRIMERA BICI

Huguito notaba que Male estaba más inquieta de lo habitual, ansiosa. Entonces, mientras ella peinaba con intensidad a una de sus muñecas, él se sentó en su habitación y le preguntó si le pasaba algo.
Por unos segundos, Male dejó de peinar a su muñeca y, muy segura, le dijo:
–La verdad, papá, es que yo me porté rebien este año. No falté ningún día al jardín... A Mora le regalaron una bici nueva.
–¡Ah! ¿Eso es lo que querés...? –le preguntó Huguito.
–Sí, papá, quiero una bici.
–¿Y de qué color te gustaría?
–¿Sabés qué, papá? Me gustaría amarilla –le dijo Male.
–Decile a mamá que tenemos que ir a comprar una cosa.
Male salió corriendo hacia la cocina para contarle a su madre. Betty, intrigada, se acercó a Huguito:
–Che, ¿qué tenemos que comprar?
Huguito le contestó en secreto y le explicó que tenían que comprar una bici para Male. La casa se revolucionó: se vistieron rapidísimo y en menos de cinco minutos estaban todos arriba de Gino. Huguito comenzó a manejar, a recorrer el barrio, pero nada; no había ninguna bicicletería. En ese momento, Gino se dio cuenta de que Huguito estaba preocupado y le preguntó:
–¿Qué te pasa?
–La verdad es que le queremos comprar una bici a Male y no encontramos ninguna bicicletería.
–Quedate tranquilo, Huguito, yo sé dónde hay una espectacular, ni toques el volante: yo los llevo.
En ese instante, dobló a la derecha, después a la izquierda, siguió derecho unas cuadras... y encontraron la bicicletería más grande que jamás vieron.
–¡Gino, me salvaste, gracias!
Bajaron corriendo del auto, Male estaba enloquecida. Cuando entraron, se acercó un vendedor y les preguntó:
–¿Qué están buscando?
Entonces, Betty y Huguito le contestaron al unísono:
–Una bici para Male.
–¿Y quién es Male?
–Soy yo –contestó ella, sacudiendo sus rulos.
–Venga, señorita, pase por aquí –le dijo el vendedor y la llevó donde estaban todas las bicis para chiquitos.
Male la vio: era una bicicleta amarilla hermosa, toda con vivos blancos, negros y letras plateadas.
–¡Esa, papá, esa! –señaló Male, entusiasmada.
El vendedor la miró:
–¿Cuál?, ¿la lila?
–¡Nooooo! –protestó Male.
–¿La rosa? –insistió el vendedor.
–¡Noooo!
–¿Cuál? –pregunto el vendedor, desconcertado.
–¡La amarilla! –le respondió Male con los ojos encendidos de alegría.
El vendedor se la bajó del estante. La pagaron y se la llevaron. Cuando llegaron al coche, la guardaron en el baúl. Gino no dijo ni una palabra en todo el viaje. Male no dejaba de hablar de su bici nueva. Cuando llegaron a la casa, bajaron la bici. Male se subió automáticamente y se puso a andar. El papá se quedó con Gino y le preguntó qué le pasaba.
–La verdad es que estoy triste –le contestó el auto–, me parece que Male no va a querer subirse más conmigo, va a estar todo el tiempo con su bici nueva.
Gino, ¡estás celoso! –le preguntó Huguito–: ya se te va a pasar.

Gino la quería mucho a Male y la veía todos los días andar en su bici amarilla por la tarde. Pero iba y venía con él del cole todos los mañanas, hasta que se dio cuenta de que si Male estaba contenta, él estaba feliz.

Una mañana, cuando iban al jardín, Gino le dijo:
–Creo que deberíamos ponerle un nombre a la bici.
–Sí –dijo Male–, y ya se me ocurrió uno genial.
–Uno de tus hermanos es amarillo, ¿no?
–Sí –le contestó Gino–, se llama Renato.
–Entonces, la bici se va a llamar Renatta –aseguró Male.

Y ccecsha.