EL PRIMER FINDE CON GINO

El domingo era el cumple de 5 de Male. Betty la despertó con un beso enorme y con una riquísima chocolatada al ritmo de la canción de feliz cumpleaños:

–Ahora nos vamos los tres juntos a pasear y haremos muchas cosas lindas. Después, nos preparamos para ir al pelotero, que hoy es tu cumple– le explicó Betty, emocionada.

Todavía un poco dormida y con los pelos revueltos, Male se acercó al comedor y se encontró con un regalo gigante. Entonces, se acercó a la mamá y le preguntó:

–¿Para quién es ese regalito?

–Para vos, Male –dijeron a coro la mamá y el papá–: ¡feliz cumple!

Male no tardó ni tres segundos en tirarse encima del regalo. Arrancó todos los papeles que lo cubrían y fue apareciendo el triciclo más lindo que pudiera existir. Tomó su chocolatada, comió unas vainillas y la mamá la empezó a cambiar. Le puso un vestido hermoso con una vincha haciendo juego. Entonces, el papá propuso:

–¡Todos arriba del auto nuevo, que estamos listos para salir a pasear!

Cuando subieron, se escuchó:

–¡Qué linda estás! – dijo una voz que no era la de ningún miembro de la familia.

–¡Gracias, papi! –respondió Male.

–¿Gracias? –dijo el papá–. ¿Por qué me agradecés, Male?

–Porque me dijiste que estaba muy linda.

–Es verdad que estás muy linda, pero yo no dije nada.

–¡Sí, yo escuché una voz de varón que me lo dijo!

Hugo y Betty se quedaron pensando. ¿Sería una fantasía de Male? Decían que era bastante común en los chicos de su edad, pero Male hasta el momento jamás había tenido amigos imaginarios ni nada que se le parezca.

Estaban detenidos en un semáforo cuando la familia escuchó: "¿Así que hoy es tu cumple?".

Betty apagó la radio. Hugo le pidió que la prendiera, que quizá la voz esa era del locutor. Betty la prendió. Cambió el dial... pero nada. En todas las emisoras pasaban música. Se quedaron mudos hasta que Male se animó a romper el hielo.

–¿Quién me habla? –susurró Male, con un tono curioso.

Silencio total. Betty le dijo a Hugo que tenía un poco de miedo. Hugo estacionó. Se dio vuelta para sacar a Male de la butaquita y sentarla a upa de su mamá.

–¿Quién habla ahí? – preguntó Hugo.

–Soy yo, Gino, el auto –se escucho a través de los cuatro parlantes.

–¿Y cómo puede ser que hables? –preguntaron los tres a coro.

–Si tienen dos minutos, les cuento –dijo Gino.

–Sí, tengo dos minutos y cinco años... –le explicó Male, muy contenta.

–¡Claro, hoy es tu cumple! Les cuento… Hace un año el constructor de autos Gino Gotti me empezó a fabricar. Por eso yo llevo su nombre. Nací gracias a una competencia entre los cuatro hermanos Gotti. El desafío era ver quién hacía el auto más lindo. ¿Y saben una cosa? Los cuatro hermanos hicieron autos iguales con tanto empeño y cariño, que nos transmitieron la chispa mágica de la vida. Male y sus padres no podían creer lo que estaban viviendo. Se codeaban, se reían, un poco nerviosos, hasta que Male le volvió a preguntar a Gino:

–¿Son los cuatro autos iguales iguales?

–La verdad es que sí, en lo único que nos diferenciamos es en los colores, cada uno de los hermanos lo hizo de su color favorito.

–¿Y cuáles son? –preguntó Male, una vez más.

–Antonio es azul; Renato, amarillo; Vito, verde y yo, Gino, soy rojo. Con los únicos que puedo hablar es con mis hermanos y con ustedes.

No podían creer lo que les estaba pasando. Hugo les propuso guardar la novedad como un secreto entre los tres. Llegando al pelotero, Hugo se dio cuenta de que había poco lugar para estacionar. Entonces, Gino le propuso:

–Dejá que estaciono solo.

–¿Podés? –le preguntó Huguito a Gino.

–¿Quién va a estacionar mejor que un auto? –le respondió Gino y todos se rieron.

La fiesta de cumpleaños fue de lo más divertida. El pelotero había sido decorado con globos de colores, la animación a cargo de payasos y princesas, estuvo superdivertida y la comida, sabrosísima.

Male recibió un montón de regalitos, pero sin lugar a dudas, la sorpresa del día había sido Gino, un auto que podía hablar, que podía estacionar solo, que tenía vida y que en muy poco tiempo ya se había ganado un lugar en la familia.

Y ccecsha.