Y UN DÍA MALE, CONOCIÓ A GINO

Hugo y Betty eran los papás de Male. Hugo trabajaba como contador de una fábrica de televisores. Betty era dentista. Male estaba por cumplir 5 años. Era una nena muy hermosa llena de rulos y ojos verdes, una pequeña muy pero muy inteligente, pero, sobre todas las cosas, con una sensibilidad muy especial.
El jueves anterior a su cumpleaños, Hugo y Betty fueron a buscar a Male al jardín. Male se sorprendió y le preguntó a su papá por qué la había ido a buscar al jardín, si él siempre a esa hora estaba trabajando.
–Hoy es un día muy importante –le contó el papá a la pequeña–: ahora vamos a ir a comprar nuestro primer auto y vos, Male, ¡nos vas a ayudar a elegirlo!
Male festejó la noticia. Lo llenó de besos a su querido papá y marcharon los tres juntos al concesionario Gotti, que estaba a la vuelta del jardín. Ni bien entraron, un hermoso auto rojo le guiñó el ojo a Male. Por su parte, Hugo ya le estaba preguntando por algunos modelos y precios al vendedor. Male le tironeó de la manga del saco y le dijo:
–Papá, me gusta el auto rojo.
–¿Cuál? –le preguntó Hugo.
–Ese –apuntó Male, con su dedo índice regordete, señalando un auto rojo brillante como una cereza, con una inscripción atrás que lo bautizaba con el nombre de Gino.
–Ese auto debe de ser de exposición –le dijo Hugo a Male–, no creo que esté a la venta. Es demasiado lindo...
En ese instante, Male miró con sus ojos verdes un poco tristes al vendedor, esperando una repuesta.
–Señor, está equivocado, ese auto sí está a la venta – le explicó el vendedor a Huguito.
Male saltó de alegría, apretó fuerte la mano de su mamá y el vendedor siguió explicando:
–Este es un modelo único y tengo que vendérselo a una familia muy especial.
–Debe de ser muy caro... –dijo Hugo, un poco derrotado.
–No crea –le contestó el vendedor–, vale lo mismo que los otros por los que me estuvo preguntando.
Male se acercó hasta el vendedor, le tiró del pantalón y quiso despejar su duda:
–Señor vendedor: ¿nosotros somos una familia especial?
El vendedor la miró, le acarició la cabeza, le sacudió un poco sus rulos, y le respondió:
–Después de conocerlos, no se lo podría vender a otra familia.
Male abrió aún más sus ojos y comenzó a saltar.
–Papi, ¿entonces nos podemos llevar a Gino?

Y ccecsha